El boom mediàtic de la literatura mauriciana

El premio Nóbel J.-M.-G. Le Clézio afirma que en ningún otro país del mundo existen tantos escritores por kilómetro cuadrado como en Mauricio. Aunque, como se ha visto, la vitalidad literaria de Mauricio es anterior a la proclamación de su independencia en 1968, lo cierto es que en el momento actual los escritores mauricianos son los más internacionales del Océano Índico. El dinamismo de la vida literaria local puede observarse en la existencia de un número notable de círculos y asociaciones literarias así como de revistas (Tracés, Nouvel Essor, Point Barre, L’Atelier d’Écriture).

La poesía es, como en el resto de las islas, el género más practicado. La obra de Jean Fanchette gira en torno al exilio y a la meditación de la muerte. Para el joven poeta que llega a París a principios de los años cincuenta, la escritura se convierte en un modo de volver a la isla de la infancia (Osmoses, 1954). El exilio se convierte en una experiencia de la ambivalencia y de la ubicuidad donde el combate contra la muerte se resuelve en la eternidad provisional de la escritura (La Visitation de l’oiseau pluvier, 1977; L’île équinoxe, 1993). También Édouard Maunick, cuya actividad como periodista literario lo conduce a Francia, África y Estados-Unidos, es un poeta marcado por el exilio. El fruto más destacado de esa experiencia es Ensoleillé vif (1976), que contiene un prefacio de Senghor titulado “La negritud mestiza”. En De Sable et de cendre (1996), su testamento poético, Maunick permanece fiel a su nomadismo existencial e intelectual adaptando el tanka, forma poética breve de la tradición clásica japonesa, a la sonoridad del francés y del criollo. La propuesta poética de Khal Torabully (Le Printemps des ombres, 1990; Cale d’étoiles, 1992, Chair corail fragments coolies, 1999) ha interesado más a los universitarios extranjeros que a los lectores mauricianos. Su personal adaptación al contexto indoceánico de la créolité teorizada en Martinica está centrada en la figura histórica del coolie, el “esclavo después del esclavo”, el “esclavo voluntario”. La poesía se convierte en un medio de compensación de esa identidad “defectuosa” y de los silencios y fallas de los archivos de la memoria. A través de la proliferación del Tout-dire glissantiano, Torabully intenta elaborar la coolitude, “alter ego indio de la créolité”.

El lirismo meditativo de Vinod Rughoonundun, muy alejado del tono de celebración de Torabully (Mémoire d’étoile de mer, 1993; La Saison des mots, 1997; Chair de toi, 2001), la distancia respecto de lo que él llama “poetismo” (“movimiento fanático de inspiración megalómana”) de Umar Timol (La parole testament, 2003; Sang, 2004; Vagabondages, 2008) y la lengua poética con reminiscencias de Chazal y de Maunick de Yusuf Kadel, otro colaborador frecuente de las revistas literarias de la isla (Surenchairs,1999; Un septembre noir, 1998; Soluble dans l’oeil, 2010), son algunas de las tendencias del floreciente panorama poético actual. La preocupación estética del poeta franco-criollo Michel Ducasse, pluma asidua de la revista de poesía Point Barre, se manifiesta tanto en la escritura como en la presentación formal de sus libros (alphabet, 2001; soirs d’enfance, 2004; calindromes, 2008).

Algunos poemas consiguen trascender el ámbito estrictamente literario para convertirse en símbolos nacionales. Es el caso de los versos de “Le morne”, de Sedley Richard Assonne, convertidos en canción del año 2001 por el grupo Cassiya e inscritos en el monumento que se erige al pie de la montaña del mismo nombre (Patrimonio mundial de la UNESCO), desde la que, según la leyenda, se lanzaban al mar los esclavos cimarrones para no ser capturados por sus perseguidores. Pero los poetas que intentan restablecer el lazo perdido con la oralidad son mucho más abundantes en Reunión que en Mauricio, donde los autores locales parecen haber interiorizado con mayor fuerza la concepción de la creación literaria como escritura. Son, pues, minoritarios autores como Jeanne Gerval-Arouff (La roche qui pleure, 2000; Carnet pour Malcolm, 2005) cuya esth-éthique, sin confundir poesía con mensaje, no concibe la palabra poética sin en el espacio público que le otorga sentido. Por su parte, Stephan Hart de Keating, animador de slam o « slammaster » entiende la poesía como una práctica fundamentalmente oral y pública que traslada a los escenarios más diversos (teatro, escuela, universidad, autobús, café).

Pero la celebridad literaria del “tigre del océano Índico” se debe sobre todo a autoras como Ananda Devi, Shenaz Patel o Nathacha Appanah. Esta circunstancia contrasta con la preponderancia tradicional de la escritura masculina ya comentada y sugiere que la literatura se ha convertido en un espacio de expresión poscolonial que suple a otros espacios sociales que siguen dominados por silencios y prohibiciones. Aunque reivindicado como mauriciano, Jean-Marie-Gustave Le Clézio posee una ingente obra de la que sólo tres títulos se sitúan en Mauricio y Rodrigues (Le Chercheur d’or, 1985; La Quarantaine, 1995; Voyage à Rodrigues, 1996). Conviene destacar su contribución activa al desarrollo de la vida literaria de la isla mediante su participación en jurados de premios y sus artículos para la prensa. Le Clézio juega un papel fundamental en el proceso de legitimación y de reconocimiento de la literatura mauriciana.

La primera autora que gozó de un cierto prestigio fue Marie-Thérèse Humbert, convertida en clásico contemporáneo por su novela À l’autre bout de moi (1979). Ambientada en el Mauricio de los años cincuenta, esta obra ofrece el autorretrato de una sociedad esquizofrénica: arriba, el propietario franco-mauriciano, abajo, el negro, el indio y el criollo, es decir, el descendiente de esclavo. Una relación de rivalidad se establece entre dos hermanas gemelas que pertenecen a este último grupo al quedar embarazada una de ellas de un indo-mauriciano, lo que supone volver aún más impura la sangre de la familia. El discurso sobre mestizos y mulatos dista mucho, aquí, del tercer espacio teorizado por Bhabha en el que resulta posible una identidad plural asumida. En Un Fils d’orage (1992) y La Montagne des signaux (1994), la autora continúa explorando las tensiones entre clases y etnias, así como los mecanismos de dominación cultural.

Ananda Devi ha abierto una nueva vía literaria convirtiéndose en la autora más elogiada de Mauricio. Sus novelas tejen siempre un drama que permite una triple lectura: la social, donde la autora denuncia incansablemente los esquemas de poder que perpetúan el modelo de comunidades separadas y donde sigue fuertemente arraigado el binomio colonial dominante-dominado, siendo la mujer la víctima principal, aunque no exclusiva, de todos los excesos y abusos imaginables; la existencial, que propone una interrogación sobre los límites de la vida rastreando el sufrimiento (y el placer, aunque este último esté condenado de antemano) en su inconmensurable magnitud; y la mística, preocupada por establecer vínculos entre el mundo visible y el invisible aunque sin complacencia alguna con las instituciones religiosas, que legitiman el sometimiento del débil por parte del fuerte, y sin coincidir con ningún credo en particular. Todo ello, a través de una prosa poética que hace zozobrar constantemente la linealidad y la horizontalidad del relato volviéndolo, a imagen de la poesía, isotópico y vertical. La escritura de Ananda Devi des-realiza la experiencia y la palabra, dejando el lenguaje de ser mero intermediario entre el mundo y el sujeto para convertirse en experiencia primigenia. Moldeada, literarizada, más soñada que vivida, la isla constituye la matriz de una escritura que sólo retiene de la realidad aquellos aspectos que coinciden con un imaginario invadido por los monstruos, la violencia y la locura que recrea las pesadillas de los cuentos de hadas más sombríos. La poética decadente de Ananda Devi legitima la anormalidad como única escapatoria en un mundo donde la normalidad se traduce en tiranía e intolerancia y donde el individuo es devorado por el grupo. Violadores -como Joséphin (La Vie de Joséphin le fou, 2003) o el marido de Daya (Pagli, 2002, entre otros)- y violadas (Daya, Noëlla y su madre en Soupir, 2003, etc.), víctimas del incesto (Paule en Rue la Poudrière, Noëlla en Soupir, Kitty en Le Sari Vert) hacen de la isla el catalizador perfecto de una prisión que trasciende, aunque sin omitirlas, contingencias geográficas e históricas. En Le Voile de Draupadi (1993), puede leerse el anagrama de «viol» («violación» en francés): todo un programa de lectura si pensamos en la doble violación, en sentido propio y figurado que sufre Anjali, la protagonista. L’Arbre fouet (1997) remite también a la violencia de la colonización mediante la referencia a una práctica habitual durante la esclavitud: azotar a un esclavo después de atarlo a un árbol. El cuerpo se convierte en superficie donde se inscribe la violencia, en depositario de la hybris generalizada que estalla en un universo de ficción poblado por mujeres anoréxicas que libran una batalla contra la tiranía de la materia.

La mayoría de los personajes femeninos encierra algún tipo de monstruosidad: el labio leporino de Mouna en Moi, l’interdite; (Yo la prohibida, 2002); la hija sin piernas de Marivonne o las manchas que decoloran la piel de Ferblanc en Soupir. Cuando la frontera entre deformidad o enfermedad física o mental y monstruosidad es atravesada, el individuo se metamorfosea en animal (Joséphin, Mouna) viéndose el lector transportado a una esfera sobrenatural. La Vie de Joséphin le fou propone una exploración sin concesiones de la demencia de un pobre infeliz que no sabe que es un criminal. Los restos de la loca ahorcada que encuentra un grupo de desheredados a su llegada a un rincón desolado de isla Rodrigues (Soupir) parecen ser la causa de que éste sea un lugar maldito en el que la vida es imposible. La autora da voz a seres marginados y marginales, a criaturas dominadas y rechazadas por su entorno que se pueden convertir a su vez en dominadoras pasando de la autodestrucción a la destrucción, como la hija que se venga sin contemplaciones de un padre tiránico dejándolo morir en Le sari vert (2009). Hijos no deseados -Paule, Joséphin, «Mouna» en Moi l’interdite y vapuleados por la existencia, dan lugar a seres desintegrados, asociales, casi autistas, como Aeena (L’Arbre fouet), llamada «la Gungi» («muda» en hindi/bhojpuri), que se ven confinados en un encierro mental cuya única salida es la soledad o la muerte. A menudo el confinamiento se materializa: «Mouna» es encerrada en un horno de cal antes de ingresar en un hospital psiquiátrico; Daya (Pagli) es recluida por la familia de su marido en un gallinero a causa de su pasión ilícita por un criollo mientras que en Indian Tango (2007) una ama de casa en la menopausia consigue escapar momentáneamente al yugo familiar y al encerramiento para entregarse a su pasión por otra mujer. La relación de la autora con la espiritualidad hindú confiere un lugar destacado a la percepción cíclica de la existencia que el destino impone a cada individuo como un yugo que debe romperse y a la reencarnación. Renegando de cualquier ortodoxia, la experiencia sensual y mística constituye un intento dramático de liberación personal de toda forma de obediencia a un orden social tiránico. Así, el enfrentamiento del individuo con la comunidad puede leerse también como un combate del primero con sus monstruos interiores que requiere hurgar sin miramientos en la herida de la propia responsabilidad.

Otro miembro de la nueva generación de autoras mauricianas es Shenaz Patel. Le Portrait Chamarel (2002) presenta una sociedad anquilosada en la que el individuo debe desaparecer en beneficio de la homogeneidad del grupo al que pertenece. El mestizaje sigue siendo considerado como una forma de desorden intolerable, de caos que cuestiona las clasificaciones tradicionales y que despierta los fantasmas de una filiación problemática, aunque esta vez, y a diferencia de lo que sucedía a menudo en la novela colonial, el narrador se posiciona y denuncia. La heroína es una huérfana encerrada en un convento después de la muerte de su padre que debe descubrir y asumir sus orígenes. Sensitive (2003) es una novela construida a modo de diario íntimo en cuya escritura se refugia una niña maltratada. En Le Silence des Chagos (2005), Shenaz Patel, construye una ficción a partir de su trabajo como periodista en la que transcribe los recuerdos de los supervivientes que fueron deportados de las Chagos cuando estas islas fueron cedidas a los británicos, a quienes los Estados Unidos compraron los derechos para establecer una base militar. Patel elabora los testimonios de Charlesia y Raymonde, cuyo hijo nace durante la travesía en el Nordvaer y es, por ello, conocido como Norbert, nombre que traduce una doble negación de identidad: ni mauriciano, ni chagosiano. Más allá del importante papel de esta novela en la denuncia de un capítulo oscuro de la reciente historia de la isla, conviene señalar que el mar no posee nunca cualidades positivas. Parece como si el imaginario acuático negativo del kala pani siguiese determinando y limitando estas representaciones.

Nathacha Appanah relata en Les Rochers de poudre d’or (2003) el viaje y el desencanto que conlleva la instalación en la isla de los contratados indios. Se trata de la primera ficción en francés que aborda este período doloroso de la historia, si exceptuamos La Quarantaine de Le Clézio (1995). Con anterioridad, el mauriciano Abhimanyu Unnuth había publicado en hindi Lal Pasina (1977), traducido al francés como Sueurs de sang con un prefacio de Le Clézio. En Le dernier frère (2007), la autora explora otro episodio aún más desconocido del pasado de la isla: la deportación a Mauricio de judíos expulsados de Palestina en 1940. El relato está centrado en la rememoración de la amistad de infancia que Raj entabla con un niño judío internado en prisión. Esa relación, hasta la muerte trágica de David, será el único paréntesis que conoce Raj, cuya existencia está marcada por el sufrimiento y por la culpabilidad que siente por la muerte de sus dos hermanos. A pesar de la originalidad del relato, la representación de la isla como una prisión es la tendencia mayoritaria en la literatura mauriciana. Blue Bay Palace (2004) y La noce d’Anna (2005) exploran esta idea de encerramiento, que remite a la exigüidad de las mentalidades tradicionales de cada comunidad. El primero opone la vida despreocupada de los turistas de un hotel de lujo a la existencia precaria de la población local, estratificada en clases y castas; el segundo plantea el abandonamiento de la isla como única solución posible para escapar a la opresión.

Carl de Souza se une a la denuncia de las fracturas de una sociedad comunalista basada en la exclusión social. En Le Sang de l’Anglais (1993), Hawkins, hijo de un médico inglés y de una joven mauriciana de buena familia, no puede asumir su pasado y se exilia a Londres donde cae en una depresión. La Maison qui marchait vers le large (1995) toma como punto de partida un corrimiento de terreno que tuvo lugar realmente amenazando con la ruina a un barrio de Port-Louis, la capital. M. Daronville, un criollo que se siente heredero de la antigua tradición francesa de la isla, se ve obligado a tener un inquilino en su casa, Haffenjee, pequeño funcionario lascar (término a menudo peyorativo que designa a los mauricianos de origen indio y religión musulmana) que sueña con convertirse en propietario de la vivienda para facilitar la ascensión social de su hijo. La imagen de la casa que se desplaza y la lucha en torno a la propiedad de la misma son una metáfora de la nación mauriciana que puede zozobrar si no antepone la unidad al comunalismo. El autor vuelve a basarse en un hecho real en Les Jours Kaya (2000): la muerte no esclarecida en prisión de Kaya, cantante de seggae e icono de la población afro-mauriciana, y las revueltas que tienen lugar posteriormente, confluyen en la elaboración de un relato onírico y elíptico, muy lejos de la crónica realista. En Ceux qu’on jette à la mer (2001), de Souza narra la odisea transformada en pesadilla de un grupo de chinos que abandona su país para alcanzar América en un bote sin éxito.

La escritura de Barlen Pyamootoo destaca por su sobriedad y, sobre todo, por el rechazo de toda forma de virulencia o de didactismo. Las dos primeras novelas, Bénarès (1999) y Le tour de Babylone (2002), toman el título de un lugar –el espacio es capital en la novela mauriciana- aunque se trate de títulos voluntariamente engañosos que permiten deslocalizar la intriga y desmontar clichés. El primero no remite a la mítica ciudad india a orillas del Ganges, sino a una desconocida localidad del sur de Mauricio y cuenta, evitando cualquier deriva exótica, el trayecto en coche de dos amigos que viajan a la capital durante la noche para volver acompañados de unas prostitutas. El segundo desbarata también las expectativas del lector situando el viaje en un Bagdad -ciudad próxima a las ruinas de Babilonia- destruido por la guerra, muy alejado, por tanto, de la ciudad de ensueño de Las Mil y una noches que hace eco a la bíblica torre de Babel (tour es una palabra polisémica que remite a “torre” y a “paseo” y Babel –confusión- es el nombre hebreo de Babilonia). En Salogi’s (2008), Pyamootoo vuelve al espacio insular para ofrecer un homenaje a su madre desaparecida que es también una exploración autobiográfica de la memoria familiar. Esta última se convoca a través de un doble discurso: el de la madre que rememora su vida con un estilo a la vez torpe y conmovedor, y el del narrador que recuerda a su madre analfabeta cuando decidió aprender a leer y a escribir. Las novelas de Bertrand de Robillard - L’Homme qui penche (2003) y Une interminable distraction au monde (2011)- exploran la búsqueda de sentido individual a través de una escritura de introspección intimista.

Con tres ficciones en su haber, Histoire d’Ashok et d’autres personnages de moindre importance (2001), Voyages et aventures de Sanjay, explorateur mauricien des anciens mondes (2009), y la reciente Made in Mauritius, Amal Sewtohul se aleja de la circunspección abriéndose un camino propio. En la primera, un pintor, Faisal, busca una voz artística propia que le permita evitar los clichés a través de los cuales se ha venido representando la isla. Un juego se establece entre este propósito y las descripciones cómicas de los estereotipos y los mitos culturales de la clase burguesa indo-mauriciana. La segunda novela es un relato de formación protagonizada por Sanjay, un huérfano mauriciano que trabaja como contable y que lleva a cabo un rocambolesco periplo que lo conduce de Berlín al Tíbet. Sewtohul aporta varios elementos novedosos respecto de la tendencia dominante: el abandono de la expresión clásica por un estilo barroco, la introducción generosa de un humor a prueba de prejuicios y tradiciones y la apertura de la ficción a espacios exteriores a la isla.

Al igual que en las demás islas, la producción de relatos breves supera ampliamente la de novelas. En los relatos de Daïnes et autres chroniques de la mort (2004) Vinod Rughoonundun recupera distintas figuras que establecen una continuidad entre muertos y vivos. La editorial Immedia, que dirige Rama Poonoosamy, y que contó anteriormente con la colaboración de Barlen Pyamootoo, publica la "collection Maurice", formada por volúmenes de relatos breves en torno a una temática común. Aunque de calidad muy desigual, debe destacarse el interés de la orientación plurilingüe de esta colección, en la que se editan de manera conjunta relatos en francés, criollo, hindi e inglés.

La literatura mauriciana en inglés cuenta aún con escasos representantes siendo el más destacado la novelista y activista política de origen sudafricano Lyndsey Collen (There is a tide, 1990; The Rape of Sita, 1993; Getting rid of it, 1997; Mutiny, 2001), comprometida con la causa y la lengua criolla y fundadora de la editorial Ledikasyon pu Travayer. La literatura en criollo, considerada como menor a imagen de la lengua, sigue siendo aún minoritaria. El autor más conocido es Dev Virahsawmy, lingüista morisien y co-fundador del MMM, que cuenta en su haber numerosas obras de teatro, poesía y adaptaciones al criollo de clásicos como Shakespeare, Molière, etc. Con todo, el principal vehículo artístico del criollo sigue siendo el género musical del sega. En los años ochenta se desarrolla un ritmo híbrido, el seggae (fusión del sega y reggae). La muerte en prisión de Kaya convirtió a este ritmo en emblema de la causa del pueblo criollo.

El centenar de islas situadas al norte de Madagascar que componen la República de Seychelles recibió varias expediciones francesas de reconocimiento a mediados del siglo XVIII. Al igual que Reunión y Mauricio, las islas permanecieron deshabitadas durante siglos para servir luego de escalas a corsarios y traficantes de esclavos. Bajo la administración de Mauricio, se establece la primera colonia en 1770, aunque la principal fuente de riqueza no es la agricultura, sino la captura de tortugas gigantes que son vendidas para el aprovisionamiento de embarcaciones. A principios del siglo XVIII, la isla recibe los primeros esclavos africanos y malgaches. A diferencia de Mauricio y Reunión, las Seychelles no están autorizadas a recibir inmigrantes indios, lo que se traduce en una mayor homogeneidad étnica de la población. Por esta razón, una vez que la isla pasa a manos de los británicos y se prohíbe la importación de esclavos, la agricultura carece de la mano de obra necesaria para desarrollarse al mismo nivel que en las otras islas. El declive económico de las Seychelles, puntuado por varias crisis, sólo se ve frenado por el desarrollo de la industria turística e inmobiliaria de lujo y, más recientemente, del sector agroalimentario. La creación de dos partidos políticos en 1964 acentuó la rivalidad con Gran-Bretaña y la coalición culmina con la independencia en 1976, aunque un golpe de estado instaura un gobierno socialista bajo el mando de France-Albert René, quien permanece en el poder durante más de treinta años. La constitución de 1979 reconoce al criollo como lengua oficial junto al inglés, lengua de la administración y de la economía, y al francés, lengua de la cultura y de buena parte de los medios de comunicación. En 1981, se establece que el criollo es la primera de las lenguas nacionales, lo que constituye una situación excepcional en el contexto indoceánico. El lugar privilegiado que ocupa el criollo (seselwa) en el sistema escolar así como el apoyo que recibe del gobierno se traduce en la vitalidad de la producción escrita en esta lengua. La promoción del criollo en la enseñanza ha llevado a los educadores a estudiar la tradición popular y ha fomentado la producción de manuales didácticos así como la publicación de textos literarios en criollo. La asociación de escritores del país (IROGRIF) y el Instituto Criollo (Lenstiti Kreol) organizan talleres de escritura y formaciones para desarrollar la literatura y la edición. El texto literario en criollo más antiguo es una traducción de las fábulas de La Fontaine realizada por una maestra, Rodolphine Young, inédita hasta 1983. Las publicaciones a cuenta de autor o en la prensa son habituales. Señalemos algunas excepciones, como Antoine Abel, que edita en París Contes et poèmes des Seychelles (1977). Leu Mancienne publica la primera novela bilingüe criollo-francés de Seychelles (Fler Frétri, 1985). Justin Valentin es autor de Testanman rezete, 1993. El mismo año John Étienne publica Emmanuel y Jean-Joseph Madeleine, An montan danm Lerwa. Aunque el francés sigue teniendo más adeptos entre escritores y lectores que el criollo (el inglés llega en último lugar), la lectura literaria en criollo no está aún del todo arraigada. En 2009 se crea la revista de poesía Sipay, que publica textos en las tres lenguas oficiales. Dirigida por una reconocida poetisa, Magie Faure-Vidot, la revista ha dado a conocer textos de autores como Marie-Flora Nourrice, Andrea Mounac o Raspyèk.

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